miércoles, 30 de abril de 2014

Las fuentes del poder

A veces surgen acontecimientos que dejan entrever la existencia de poderes capaces de manejar los hilos de actitudes y decisiones políticas que no pueden comprenderse en su totalidad sin una referencia a estas formas de gobernanza. 
Actualmente el poder es global y los estados van perdiendo soberanía y capacidades de decisión. Estados Unidos sigue siendo el único estado capaz de proyectar su poder en cualquier parte del mundo, aunque su unilateralismo ha desapararecido. Necesita, para actuar, la colaboración y el apoyo de otros estados, dando paso a la aparición de poderes regionales que basan su actuación en su fuerza política, militar o económica. 
Todo esto por lo que se refiere al poder de los Estados. Pero existe también otras fuentes de poder no menos relevantes: nos referimos al poder económico y financiero, que ejerce una actuación global y que manifiesta normalmente unos intereses comunes independientemente de su origen geográfico; y también a los poderes supranacionales, capaces de influir y modificar la acción de los Estados. 
El conjunto de estas fuentes de poder se halla imbricado y existe un mínimo común que pone de acuerdo a todos ellos, o al menos a la mayoría, en las grandes cuestiones mundiales. El “orden” resultante puede ser puesto en cuestión -primaveras árabes (el caso sirio), el conflicto en Ucrania, los problemas territoriales en el Pacífico,…- pero ello no constituye una amenaza insalvable para su mantenimiento. Y ¿cuáles serían los fundamentos de ese orden?, pues básicamente dos: la defensa de los intereses del capitalismo -entendido como conjunto de intereses financiero-empresariales- y el mantenimiento de una geopolítica que no cuestiones el dominio occidental. 
El siguiente mapa conceptual pretende colocar las piezas para la comprensión de los poderes que actualmente rigen los destinos de nuestro planeta.





Bibliografía.

Mann, Michael (1997) Las fuentes del poder social. Alianza, Madrid.
Fernández Ros, J.M.; Ramírez, G. y Salcedo, J. (2008) Historia del mundo contemporáneo. Santillana, Madrid
Ontiveros, E. y Guillén, M. F. (2012) Una nueva época. Los grandes retos del siglo XXI. Galaxia Gutemberg-Círculo de Lectores, Barcelona.
Gresh, A. (dir) (2010) Atlas geopolítico. Le Monde Diplomatique en español, Valencia.
Gresh, A. (dir) (2006) L'Atlas. Le Monde diplomatique, París.


viernes, 11 de abril de 2014

El auge de la extrema derecha en Europa

Manifestación de Amanecer Dorado en Grecia. RTVE


1. El contexto histórico.

En los últimos años las noticias sobre el resurgimiento de los grupos de extrema derecha han proliferado en casi toda Europa. Han ganado cotas de poder en las diversas elecciones celebradas, han convocado manifestaciones callejeras, sus líderes han ocupado las portadas, en suma han ido ganando poco a poco una visibilidad de la que antes carecían.
Tras la Segunda Guerra Mundial el extremismo de derechas, vinculado ideológica y políticamente al fascismo italiano o al nazismo alemán cayó en un descrédito significativo cuando no en una larga postergación. La explicación resulta obvia; su derrota en la guerra y la difusión de los aspectos más crueles e inhumanos de su actuación allí donde dominaron revelaron su auténtico rostro. Y daba miedo. Por otra parte, las potencias victoriosas controlaron cualquier tipo de resurgimiento, al menos público, del fascismo político.
Así pues, durante bastante tiempo, la extrema derecha vinculada a presupuestos ideológicos fascistas o nazis, quedó reducida a grupúsculos muy ideologizados pero también muy reducidos. Incluso las dictaduras del sur de Europa -Portugal, España y Grecia- procuraron desprenderse de su parafernalia fascista y de su vinculación originaria con esta ideología para abrazar el anticomunismo como principal seña de identidad, elemento políticamente más correcto en aquella coyuntura. También la fase económica expansiva de los años cincuenta y sesenta en la Europa occidental contribuyó  a la marginalidad de estos movimientos pues redujo notablemente el malestar social, que fue el principal caldo de cultivo del florecimiento de estos movimientos.
No obstante hacia finales de los años ochenta del pasado siglo fue posible observar una reaparición, política y electoral, de estos partidos. El inicio de este proceso lo dio en 1984 el Frente Nacional francés, que obtuvo casi un 11 % de los votos en las elecciones europeas de ese año. Esta tendencia se extendió y consolidó por otros lugares de Europa: Bélgica, países escandinavos, Holanda, Italia, etc.
Por otro lado, en la Europa oriental, dominada por los partidos comunistas y la influencia soviética, las posibilidades del resurgimiento de estos grupos eran nulas.
La situación comenzó a cambiar en los años noventa del siglo pasado. El derrumbe del comunismo favoreció la aparición en los países de la Europa oriental, en un clásico movimiento de péndulo, de grupos que hicieron del nacionalismo su principal bandera, no tardando en dotarlo de rasgos xenófobos y excluyentes; es posible afirmar que el vacío dejado por el comunismo fue reemplazado por el nacionalismo como ideología identitaria de estos grupos. Pronto comenzaron a buscar en los partidos de derechas o claramente fascistas de los años treinta sus referentes históricos. El huevo ya estaba puesto, solamente había que dejarlo crecer.
La crisis económica iniciada en 2008 ha incidido como un factor expansivo al posibilitar el acercamiento del discurso político ultraderechista a nuevos sectores sociales. Algunos historiadores han asimilado este proceso al ocurrido en Europa durante los años 30, cuando, en un contexto económico muy deprimido, aparecieron partidos fascistas en varios países. Es indudable que la actual crisis económica está incidiendo en el importante crecimiento de estos grupos, pero ¿cómo lo hace?:
    La primera consecuencia es la modificación de su discurso político, en el que va ganando fuerza la crítica a la Unión Europea y a sus políticas de austeridad. Se hacen eco, de esta forma, del malestar de muchos ciudadanos agraviados por estas políticas.
    La crisis económica ha deteriorado la confianza de numerosos ciudadanos en la eficacia de los sistemas democráticos para resolver su terrible situación socioeconómica. Desde esta perspectiva la crítica a la democracia liberal no resulta un elemento extraño en el discurso de la extrema derecha.
    La extensión de las dificultades económicas entre amplias capas de la población y la mayor competencia por el acceso al trabajo y a unos servicios públicos cada vez más recortados suscitan rivalidades entre la población autóctona depauperada y la inmigración llegada en los años de bonanza. Esta circunstancia es aprovechada y estimulada por estos movimientos.
A pesar de todo ello debemos afirmar que la crisis económica  tiene una incidencia relativa en este auge. El contexto nacional y la trayectoria histórica de cada país son también elementos de gran influencia para explicar la evolución de estos grupos. La prueba de que la relación entre los efectos de la crisis económica y el resurgimiento de los grupos racistas y fascistas no es mecánica es el ejemplo mismo de España, donde estos grupos no han logrado, por ahora, incrementar significativamente su presencia.

2. El auge de estos movimientos.



EL PAÍS

La aparición e incremento de la fuerza electoral de estos partidos es un fenómeno que se ha extendido por casi toda la geografía europea.
En el ámbito escandinavo, poco castigado por la actual crisis económica, se ha dado un destacado auge de estos movimientos:
·      En Noruega, el Partido del Progreso, llegó a conseguir un 22,9 % de los votos en las elecciones de 2009, con un mensaje centrado en los peligros de una progresiva islamización y en la propuesta de la limitación de la inmigración no europea. En las elecciones de 2013 descendió en votos -16,3 %- pero logró entrar en el gobierno aliado con el Partido Conservador.
·      En Finlandia, la formación Verdaderos Finlandeses se creó en 1995. Su programa  político alude a la eliminación de los subsidios de la política económica de la UE y a la limitación de la inmigración. En las elecciones de 2011 se convirtieron en la tercera fuerza política del país con el  19,05 % de los votos.
·      En Dinamarca, el Partido Popular danés ha aumentado su número de votos desde 1998, habiendo logrado el 13,8 % de los votos en 2007. Se opone a la islamización y a la integración de los inmigrantes; reclama más soberanía propia dentro de la Unión Europea y, en política internacional, apoya incondicionalmente a Estados Unidos e Israel.
Uno de los ejemplos más relevantes del ascenso de estos partidos se ha producido en Francia donde el Frente Nacional de Jean Marie Le Pen, dirigido ahora por su hija Marine Le Pen, ha mantenido un paulatino ascenso electoral plasmado en su reciente éxito en las elecciones municipales de este año. Su tradicional discurso xenófobo ha ido variando al sumársele elementos de crítica al neoliberalismo y a la globalización que han calado en los sectores más castigados por la crisis económica: se calcula que un 30 % de sus votantes procede de la clase trabajadora. Su política reclama el freno a la inmigración, la reimplantación del proteccionismo y el abandono del euro. Se podría calificar de un programa nacionalista que apoya la idea de un resurgir del sentimiento nacional francés en peligro por el sincretismo cultural y la globalización.
La abundancia de ejemplos referidos a este aumento del peso de los partidos populistas o fascistas -Austria (con el FPÖ y el BZÖ), Bélgica (Vlaams Belag), Holanda (Partido de la Libertad), Italia (Liga Norte), Hungría (Jobbik), Grecia (Amanecer Dorado), etc.- queda reflejado en el siguiente mapa.


El aspecto más preocupante es que una parte del mensaje ideológico sustentado por estos grupos ha sido incorporado por los partidos de la derecha tradicional. El nacionalismo, la xenofobia, la crítica al multiculturalismo han sido asumida por políticos como Nicolás Sarkozy, Merkel o David Cameron o el mismo PP español- cuando proponen medidas como la expulsión de los inmigrantes europeos sin trabajo para reducir las ayudas sociales (Alemania), la expulsión masiva de algunas etnias (gitanos rumanos por Sarkozy), el freno total a la inmigración (Cameron), retirada de la cobertura sanitaria a los inmigrantes irregulares (Rajoy), etc. Este mensaje va calando en la opinión pública europea y ganando dosis de respetabilidad en el debate político.
Puede que sea cierta la idea de que en Europa  se está abriendo una fractura política muy significativa entre el nacionalismo y la globalización, entre el proteccionismo y el neoliberalismo, incluso entre una élites europeístas y unas poblaciones cada vez más desencantadas con una Unión Europea vista como causante de todas sus desgracias económicas. Esa fisura está siendo aprovecha por estos grupos políticos que arrebatan apoyos electorales tanto a la izquierda como a la derecha tradicionales.

Bibliografía.
SIMÓ, Patricio (2013): El auge de la extrema derecha. EL PAÍS, 18/10/2013.
CASALS, Xavier (2013): El éxito electoral neonazi en Eslovaquia: la protesta contra los gitanos, Blog de Xavier Casals. Consultado en https://xaviercasals.wordpress.com/tag/neofascismo/
CASALS, Xavier (2011): La extrema derecha europea: una tendencia creciente. Observatori del Conflicte Social. Yearbook 2011.
CASALS, Xavier (2001): Una nova extrema dreta. Papers de la Fundació Rafael Campalans, nº 126.
ANÓNIMO (2011): El auge de la extrema derecha en Europa, en el ojo del huracán. Libertad Digital. Consultado en:  http://www.libertaddigital.com/mundo/2011-07-30/el-auge-de-la-extrema-derecha-en-europa-en-el-ojo-del-huracan-1276431160/
MARTÍNEZ DE RITUERTO, R. (2011): La ultraderecha amenaza Europa. EL PAÍS. 25/07/2011
HERNÁNDEZ, Aitor (2012): Limpacte de la crisi sobre lextrema dreta europea. Fundació Catalunya-Europa.