domingo, 9 de abril de 2017

Conflictos en el Mar de China Meridional


La entrada se ha publicado anteriormente en mi nuevo blog Sobre Historia
https://sobrehistoria.es/2017/04/02/conflictos-en-el-mar-de-china-meridional/ 

Conflictos en el Mar de China Meridional

El traslado del centro neurálgico mundial desde el Atlántico al Pacífico explica que todo lo que ocurre en este segundo océano cobre una importancia destacable. Una de las zonas que más potencial de conflictividad tiene actualmente es la del Mar de China Meridionaluna extensión de 3,5 millones de km2  cuyas aguas se las disputan seis países: Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunei, Taiwán y China. Pero en segundo plano aparecen otros actores involucrados como Estados Unidos, Japón y Taiwán. Japón, por ejemplo, también mantiene un contencioso con China por las islas Senkaku (Ver Mapa 1). En realidad, estas rivalidades esconden una lucha por el control del este del Pacífico, zona vital para las comunicaciones marítimas –por ella navega la mitad del tráfico comercial mundial– y que posee buenas perspectivas en cuanto a la posible existencia de yacimientos de petróleo y gas. Cuenta también con abundantes recursos pesqueros. 
El conflicto se polariza en el enfrentamiento de intereses entre China y EE.UU. que es el que mantiene la tensión en la zona.  China reclama lo que considera le pertenece por derecho histórico, es decir, el ochenta por ciento de las agua del Mar Meridional, sus islotes, arrecifes y rocas, lo que equivale a casi tres millones de kilómetros cuadrados. Este derecho histórico nunca ha estado bien definido pues el dominio de las aguas ha ido variando con el tiempo, no obstante si que parece probado que el interés chino por estas islas se remonta al siglo XVII, cuando la dinastía Qing impulsó diversas expediciones navales por la zona.
El eje de las actuaciones chinas se centra en afianzar su presencia en los archipiélagos de Paracelso y Spratly porque, de acuerdo con las leyes marítimas internacionales, el país que ostente la soberanía de cada isla dispone de los 370 kilómetros de las aguas que la rodean y los recursos existentes en ellas y en el fondo marino (Ver mapa 2)Los países antes mencionados disputan a China parte del espacio marítimo que esta pretende controlar y la gran potencia asiática dice estar dispuesta a negociar con cada uno de ellos por separado pero no en foros conjuntos como pretende EE.UU. 
Para afianzar su reclamación China ha construido algunas islas artificiales y ampliado atolones en los ha que ha instalado baterías de misiles antiaéreos y antibuqueaeropuertos y puertos. Pretende, a partir de ellas, consolidar sus derechos sobre la zona marítima en disputa. 
Mapa 2. Reivindicaciones chinas y zonas en conflicto en el . Fuente: periodismointernacional.org
Ismael Arana clarifica bien las posiciones de cada una de las partes: Para sostener sus derechos, Pekín alega que su derecho a la zona se remonta siglos atrás, cuando  y que en 1947 ya publicó un mapa detallando sus reivindicaciones. Desde 2012, China ha incluido estas islas como parte de sus “intereses nacionales básicos”.
Por su parte, Vietnam rechaza la versión histórica china alegando que su vecino nunca había reclamado la soberanía sobre las islas antes de los años 40, y afirma que tienen documentos que prueban que desde el siglo XVII ellos han gobernado las islas. Mientras tanto, Filipinas invoca su proximidad geográfica como base principal de su demanda.
Finalmente, Malasia y Brunei también reclaman una parte que dicen está dentro de sus zonas económicas exclusivas definidas en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982. Taiwán reclama lo mismo que China.
El desacuerdo principal aparece en la cuestión de la pertenencia de los islotes de  Paracelso y Spratley. Su valor intrínseco es escaso o nulo pero son fundamentales para establecer las demarcaciones internacionales sobre las zonas marítimas y las zonas de exclusividad  económica (ZEE). China y Vietnam se disputan el archipiélago de las Paracelso; estas islas fueron ocupadas por China en 1974 y, desde entonces, ha ido reforzando su presencia militar y su explotación económica, especialmente turística. 
Posible despliege de misiles chinos en la isla Woody (archipiélago de las Paracelso). Fuente: bbc.com
Las Islas Spratly constituyen el segundo  archipiélago en disputa pero la situación es más complicada ya que son varios los países que las reclaman –China, Vietnam, Filipinas, Malasia, Brunei y Taiwán–. Las tensiones en estas islas han sido más significativas ya que en 1988 se llegaron a producir enfrentamientos navales entre China y Vietnam, saldados con varios barcos vietnamitas hundidos. Los incidentes armados se repitieron en 2011 cuando barcos de guerra chinos dispararon contra barcos vietnamitas.
Aunque China tiene una de las costas más largas del mundo –más de 14.000 kilómetros–, el país ha sido tradicionalmente un poder más preocupado por lograr la hegemonía terrestre que la marítima. Por ello no había dispuesto, hasta ahora, de una marina de guerra potente. Esta situación ha cambiado en la actualidad, cuando sus intereses de gran potencia económica dependen en un grado elevado de los suministros de energía y de otros recursos naturales imprescindibles para su desarrollo. De la misma manera, el control de las rutas marítimas es crucial para un país que realiza la mayor parte de sus exportaciones por mar. En este contexto, disponer de unas líneas de suministro seguras es una de sus mayores necesidades, y, para ello, ha emprendido un proceso de modernización y ampliación de su armada.
Otro objetivo que a ojos chinos justifica este rearme naval es la posición de EE.UU. en la región. La potencia americana es aliada de casi todos los enemigos tradicionales de China en el Pacífico occidental  –Japón, Filipinas, Taiwán, Indonesia, Corea del Sur,…– y está creando nuevos vínculos con Vietnam. Mantiene también bases militares en Japón, SingapurCorea del Sur y Filipinas. Con ello se ha tejido una gran red marítima que podría aislar a China. De hecho los encontronazos entre ambas potencias han sido frecuentes en el último año y siempre han tenido el mismo guion: buques de guerra norteamericanos navegan cerca de las islas reclamadas por China, que inmediatamente responde enviando su armada a la zona. 
La administración Obama ya manifestó que sus alianzas en Asia eran una prioridad estratégica. La apertura hacia Vietnam, la venta de buques de guerra a Filipinas y la ampliación de su presencia militar en Australia fueron la plasmación de esta doctrina. Estados Unidos explica su actitud como una forma de afianzar la libertad de navegación, desafiada por la pretensiones chinas.
Un enfrentamiento a mayor escala entre ambas potencias no parece probable a corto y medio plazo, aunque la presidencia de Trump en Estados Unidos añade cierta incertidumbre a la predicción. A este respecto, China todavía no posee una fuerza marítima capaz de proyectarse en escenarios alejados de sus costas, pero ya es perfectamente capaz de defender sus zona próximas y de salir libremente al Pacífico central y al Índico. Para ello ha elaborado una doctrina naval basada en la creación de grupos navales en torno a portaaviones, de los cuales, por ahora, solo dispone de uno, aunque hay dos más en distintas fases de construcción. También ha impulsado las fuerzas anfibias y las submarinas, que incluyen unos catorce submarinos nucleares.
Portaaviones chino CV-16 Liaoning. Fuente: elconfidencial.com
BIBLIOGRAFIA.
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BBC, R. (2016). El despliegue de misiles de China que calienta las tensiones internacionales en un disputado mar. BBC Mundo. Retrieved from http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/02/160217_mar_meridional_china_islas_misiles_amv
Bregolat, E. (2016). Carta de China: el contencioso del mar del Sur. Estudios de Política Exterior, 174.
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VV.AA. (2013). El Atlas geopolítico de China. Valencia: Cybermonde.

domingo, 2 de abril de 2017

La crisis económica de 1920-1921

La entrada se ha publicado anteriormente en mi nuevo blog Sobre Historia:  http://sobrehistoria.es/2017/03/26/la-crisis-economica-de-1920-1921/
La breve crisis económica que se produjo entre 1920 y 1921 ha quedado eclipsada por la enorme repercusión que tuvo la Gran Depresión de 1929. Resulta una crisis menor si las comparamos, pero, en bastantes aspectos, anticipa los problemas que acabarían provocando la depresión de finales de los años veinte. Fue una crisis de reconversión que no sirvió para asentar los pilares de un crecimiento sólido pero que sí marcó la pérdida de la hegemonía europea.
La Primera Guerra Mundial trastocó el equilibrio económico existente: los Estados se endeudaron, se pusieron en circulación grandes cantidades de dinero y se produjo una reconversión de la producción para cubrir las necesidades militares. Algunos países –España, Japón, Holanda y, sobre todo, Estados– pudieron aumentar sus exportaciones a los países en guerra, generando en contrapartida un gran déficit comercial en los países beligerantes que estos sólo podían compensar con sus reservas de oro. El continuo gasto provocó la desaparición de dichas reservas y, con ello, el abandono del sistema monetario basado en el patrón-oro.
El final del conflicto significó también el inicio de la decadencia de Europa y el auge de Estados Unidos, convertido en la potencia dominante. Los países europeos beligerantes –Gran Bretaña, Francia, Italia,…–  se habían empobrecido a consecuencia de la guerra y tenían importantes deudas con Estados Unidos que había acumulado un gran porcentaje de las reservas mundiales de oro lo que convirtió al dólar en la moneda de referencia para las transacciones internacionales, desplazando a la libra esterlina.
Al acabar la guerra se esperaba una crisis económica producida por la reconversión de los sistemas económicos a las necesidades de una etapa de paz. Pero no ocurrió tal cosa, al contrario durante 1919 se produjo un inesperado boom económico impulsado por el inicio de las tareas de reconstrucción en Europa y por la recuperación del consumo privado. El aumento de la demanda se dirigió especialmente a Estados Unidos, donde produjo un aumento de la inflación que también afectó a otros países europeos. Este proceso inflacionario se vio acrecentado por la desaparición del patrón-oro y el desorden monetario consecuente.
Hacia 1920 la tendencia expansiva comenzó a frenarse. En 1919 los Estados Unidos habían concluido su política de préstamos a Europa y, en 1922, para contener la inflación, adoptaron un arancel proteccionista (Ley Fordney-McCumber). Estas medidas se añadieron a los síntomas de recesión que comenzaba a mostrar la economía europea. Síntomas que provenían, como ya hemos apuntado, tanto de las dificultades generadas por la reconversión de una economía de guerra a otra de paz como del freno de la demanda tras el primer impulso reconstructor. Otras causas significativas fueron también la enorme deuda de los países beligerantes y las reparaciones exigidas a Alemania y a otras potencias  derrotadas.
Dow Jones industrial. Medias (1918-1923). Fuente: Wikipedia
Nada más finalizar el conflicto bélico, Estados Unidos se enfrentó a una situación de alza de los precios provocada por un brusco aumento de la demanda. Para contenerla se aplicó una política antiinflacionaria mediante la restricción del crédito. Simultáneamente se produjo una crisis de sobreproducción  originada por la enorme capacidad productiva de sus sectores agrario e industrial y la llegada a su mercado de las primeras importaciones europeas. Para solucionar este exceso de oferta implantó, como ya hemos señalado, una política comercial proteccionista. El efecto de estas políticas fue el retraimiento de la economía norteamericana y el inicio de la crisis; entre mayo de 1920 y junio de 1921 los precios se hundieron un 56 % en Estados Unidos. La restricción de los préstamos y las medidas proteccionistas trasladaron a Europa la crisis. Las políticas proteccionistas se fueron extendiendo entre las principales economías.
Al interpretar la crisis, muchos economistas –como por ejemplo Milton Friedman, Anna Schwartz o Paul Krugman entre otros– opinan que la recesión de 1920-21 fue el resultado de una política monetaria contractiva por parte del Banco de la Reserva Federal.
Los británicos se habían creído vencedores en el conflicto pero su economía había quedado muy maltrecha; la pérdida de mercados y la disminución del valor de la libra eran sus principales manifestaciones. A pesar de ello y al igual que en otros países, se produjo una coyuntura expansiva por el impulso del consumo que estuvo acompañada de un notable aumento de los precios. Pero en 1920 se invirtió la tendencia y comenzó a reducirse la producción y también la demanda. Mientras tanto, Gran Bretaña había mantenido una política arancelaria claramente proteccionista que perduraría hasta entrada la década de los años treinta.
En Francia, por su parte, también se produjo una recesión pero menos profunda que en Estados Unidos o en Gran Bretaña porque sus necesidades de reconstrucción mantuvieron una demanda de bienes de equipo elevada y porque el Estado francés se vio forzado a sostener un elevado gasto público para socorrer a los damnificados por el conflicto –heridos, viudas, pensionistas, etc.-. Se evitó así una caída severa de la demanda aunque no se pudo impedir el brote inflacionista.
Alemania escapó de la crisis de 1920 pero se le exigió un pago por indemnizaciones que ascendía a unos 33.000 millones de dólares, una cantidad impagable para la economía alemana, sobre todo cuando las medidas proteccionistas imperantes le impedían exportar y conseguir divisas u oro. Por ello, a finales del verano de 1922 el valor del marco alemán comenzó a caer de forma preocupante y a finales de año Alemania suspendió pagos. El país entró en un ciclo hiperinflacionista y en una profunda recesión que provocó un aumento del paro y del malestar social. La situación alemana tardaría en aclararse y de hecho no lo hará hasta la aplicación del Plan Dawes en 1924 y del Plan Young en 1929.
Montones de billetes nuevos en espera de la distribución en el Reichsbank, durante la hiperinflación (1923). Wikipedia ingles: https://en.wikipedia.org/wiki/Hyperinflation_in_the_Weimar_Republic
Podemos concluir afirmando que lrecesión de 1920-21 se debió, en primer lugar, a la proliferación de medidas proteccionistas en todas las grandes economías. Como cada medida restrictiva provocaba represalias por parte de otras naciones afectadas, el comercio internacional se resintió, cayendo a niveles de principios de siglo. El nacionalismo económico agravó la situación. 
La otra causa fue el desorden monetario provocado por la guerra y agravado por los tratados de paz. El problema de las indemnizaciones estaba en la base de la desorganización del sistema financiero pero también las deudas de los países beligerantes contribuyeron a trastocar el sistema. Al acabar la guerra el conjunto de deudas entre los países aliados alcanzaba los 20.000 millones de dólares, de los cuales la mitad aproximadamente eran préstamos norteamericanos.
BIBLIOGRAFÍA
Cameron, R., & Neal, L. (1992). Historia económica mundial desde el paleolítico hasta el presente. Madrid: Alianza Editorial.
Depression of 1920-21. (2017). Wikipedia. Recuperado el: 25/03/2017 de  https://en.wikipedia.org/wiki/Depression_of_1920%E2%80%9321
El Plan Dawes. (2017). Wikipedia. Recuperado el: 24/03/2017 de  https://es.wikipedia.org/wiki/Plan_Dawes
Flamant, M., & Singer-Kerel, J. (1971). Crisis y recesiones económicas. Barcelona: Oikos-Tau.
Fontana, J. (2017). El siglo de la revolución. Barcelona: Crítica.